nativitymainpic

Por R.F. Wilson

Muchos piensan que soy un patron algo cruel, sin corazon. Alguien tiene que haberles dicho eso. Pero estan equivocados, simplemente equivocados, y es tiempo de que de una vez por todas aclare las cosas. La gente dice que soy el encargado de una fonda. Creo que ustedes le llaman Meson. Para nosotros es solo una casa grande. Mi abuelo Josue la construyo alla para cuando su negocio de mercaderia estaba en todo su apogeo. Y la hizo lo suficientemente grande para que cupieran todos sus catorce hijos.

Bueno, hace unos años atras, la doña y yo estabamos caminando por esa enorme casa—ya los muchachos se habian casado— y pensabamos, que quizas podriamos recibir a unos cuantos viajeros. Raquel siempre ha sido muy buena en la cocina, por lo tanto dejamos saber en el barrio que aceptariamos a una que otra persona, y asi fue que comenzaron a llegar. Cada noche teniamos a uno o dos, algunas veces mas. La gente siempre volvia a quedarse con nosotros cuando regresaba al pueblo con la intencion de saborear otro de los exquisitos platillos de Raquel.

Entonces vino ese bendito censo general que el gobernador establecio. Impuestos! Puro y simple. Gente de todas partes de la provincia inundaron el pueblo esa semana. Se nos lleno la casa por todas partes. Raquel y yo dormiamos en el cuarto mas grande y comenzamos a colocar los inquilinos en las otras habitaciones. Siguieron llegando. Entonces acomodamos dos y tres familias por cuarto. Siguieron llegando. Finalmente, cuando habiamos llenado nuestro cuarto con cuatro familias, ademas de Raquel y yo, comenzamos a despedir a los nuevos que llegaban.

Ya no cabia nadie mas! Tuve que haber salido de la cama como diez veces esa noche, tropezando con los cuerpos que dormian en el piso para llegar a la puerta. “No hay habitacion, lo siento amigos. Ya no hay mas. Regresen en la mañana. Hay un par de familias que se van temprano.”Murmuraban algo y regresaban a su grupo, a dormir en cualquier parte cerca de una casa, bajo el abrigo de una manta. Yo no podia hacer mas espacio. Esa es la pura verdad.

Pero si hice espacio para una pareja mas. Jose era un hombre tosco con grandes brazos y fuertes manos, que venia de Nazareth, creo que asi fue como dijo. No aceptaba un “no” como respuesta. Yo le decia que lo sentia mucho, y el me hablaba de su “pequeña Maria”. Bueno, cuando vi a la “pequeña Maria” no parecia tan pequeña. Estaba tan barrigona como una mujer encinta podia estar y se veia terriblemente palida. Mientras Jose rogaba, note que ella se agarraba el estomago debido al dolor, y supe que no podia dejarla que tuviera a su bebe afuera con ese viento y esa lluvia helada.

El establo. Eso tendria que ser suficiente, me dije y los dirigi a ellos y a su mula hacia la parte de atras. A estas alturas ya estaba bastante lleno, por lo tanto espante a unos cuantos animales hacia un lado para hacerle espacio en una esquina seca. Jose me dijo “Realmente se lo agradecemos, señor.” Entonces, con cara seria me pregunto, “Sabe donde puedo encontrar una partera por estos rumbos? Puede que la necesitemos mañana o pasado mañana.”

Este hombre no sabia mucho de maternidad, se veia claro. Corri hasta la casa de mi tia Sara y le tumbe la puerta a golpes hasta que su esposo salio. “Uno de los viajeros esta de parto,” le dije. “Esperare hasta que la tia se vista.” Me detuve un momento para coger aire. “Y dile que se apresure.”

Para cuando regresamos al establo, Jose tenia a la “pequeña Maria” acomodada sobre paja limpia y suave, envuelta en una manta, limpiandole el sudor de la frente. Le hablaba suavemente mientras ella combatia las oleadas de dolor. La tia Sara me mando a buscar a mi Raquel, y luego nos saco a mi y a Jose fuera del establo. “Este no es lugar para hombres,” dijo.

Esperamos justo afuera bajo el refugio del establo por horas, eso parecio. Bueno, de repente, escuchamos un pequeño llanto. “Es un varon,”decia tia Sara a medida que nos asomabamos por la esquina. Le dio el pequeño a Raquel y esta lo envolvio en esos pañales que tenia guardados. Que cosita linda, les dire. Bueno, Jose va donde Maria y le da un enorme abrazo y un beso en la mejilla, y Raquel le entrega el bebe a Maria, luego viene donde mi y toma mi mano. “Recuerdas cuando nuestro Josue nacio?” me dice en voz baja.

La linterna estaba casi por apagarse, el ganado mugia suavemente y el niño Jesus dormia en los brazos de su madre. Asi fue como los deje cuando lleve a tia Sara a su casa. Hacia un viento frio, aunque habia dejado de llover.

Para cuando regrese a mi casa, Raquel ya se habia acostado. Estaba a punto de apagar la linterna, pasar por encima de los durmientes, y meterme debajo de las tibias sabanas, cuando escuche un murmullo venir desde el establo.

Es mejor que revise, me dije. Cuando me asome, vi pastores. Andrajosos y mal olientes pastores estaban arrodillandose en el suelo sucio del establo como si estuvieran orando. El mas anciano estaba diciendole algo a Jose sobre angeles y el Mesias y el resto de ellos solo se arrodillo ahi, con la cabeza baja, algunos llorando.

Me aclare la garganta, y Jose me miro. Estaba a punto de echar a esos ladrones, cuando Jose me hizo señas con la mano. “Esta bien,” dijo en voz baja. “Han venido a ver al Cristo.”

Al Cristo? El Mesias? Ahi fue cuando yo tambien me arrodille. Y mire, y ore, y escuhe al anciano pastor repetir su historia de angeles y la gloria divina, y la señal del santo niño, envuelto en pañales, que seria encontrado en un pesebre.

Mi Dios, fue en mi establo donde el Cristo nacio. Mi pesebre donde descanso. Mi paja, mi lampara, mi esposa Raquel asistiendo en su nacimiento.

Los pastores se fueron despues de un rato. Algunos de ellos se inclinaron y besaron al durmiente Cristo antes de partir. Yo se que yo lo hice.

Siempre me regocijare de haber hecho espacio en el establo para esa familia – esa santa familia. Como ven, yo no soy un cruel y antipatico mesonero. Yo estuve ahi. Yo lo vi. Y saben que, años despues ese niño regreso a Belen, esta vez hablando del Reino de Dios. Oh, yo creo en el, eso les digo. Yo estuve alli. Y tengan por seguras mis palabras, si ustedes hubiesen visto lo que yo vi, serian unos creyentes tambien



Graficas por tdc
Pintura © Tom DuBois cortesia de Christ Centered Mall